La “guerra contra las drogas” no es un fracaso accidental: es una pretexto útil. La CIA usa rutas, aviones, informantes y toneladas de cocaína para operaciones de régimen, presupuestos negros e influencia; la DEA persigue titulares; los cárteles mueven mercancía; bancos, armas y burocracias se enriquecen. Nadie tiene incentivo real para pararlo, y quien destapa demasiado no lo matan: lo arruinan.

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